
Polonia es… distinta.
Y Varsovia es en general, bastante fea, rasaron casi toda la ciudad durante la segunda guerra mundial, y aunque han hecho admirables esfuerzos por reconstruirla igual que era, no tiene el encanto de las ciudades viejas con polvo de siglos.
Aún así tiene esa magia misteriosa que caracteriza a los lugares que renacen de sus cenizas, tiene unos precios más que atractivos y los polacos son acogedores y encantadores.
Fuimos a ver a mi amigo Baptiste, que lleva allí una temporada trabajando y la verdad es que nos lo pasamos como enanos.
Ahora eso sí, yo no vuelvo hasta que las temperaturas suban de -10º.









