
Se abre el telón, Caribe, 26 grados, aguas cristalinas, islas vírgenes, arena tan blanca que duelen los ojos al mirarla…
¡ Qué rabia dá volver de vacaciones!
Voy a arañarles unos minutos al sueño para dedicarme plenamente a la laboriosa tarea de relataros el EPISODIO 9704509737493072098 : Anabel y sus Navidades.
Empezando por el principio, feliz año a todos.
Os deseo salud, muuuuuuuucho dinero, cantidades industriales de sexo y mucho amor…propio, que el prójimo ya tiene bastante.
El año ha empezado de manera inesperada. No que no supiese que estaba al alba del comienzo de otro periodo de 366 días que damos en llamar año, si no que no estaba yo preparada para tanta jodienda.
Mis padres nos habían invitado a Guillaume y a mí a las Islas Vírgenes (http://www.britishvirginislands.com/ ) y tras una dura negociación con los jefes respectivos, y tras vencer las reticencias de mi cariñito, que es alérgico al sol, ambos conseguimos los días de vacaciones para volar hacia el paraíso.
Tras un fugaz encuentro en Madrid en torno a unas cervezas el sábado noche, partimos el domingo hacia Puerto Rico dónde hacíamos escala para coger otro avión hacia Beef Island.
Una vez instalados en el avión -con el cinturón ya abrochadito- estuvimos esperando 2 horas como imbéciles a que resolvieran un problema con el ordenador de a bordo que controla el tren de aterrizaje. Es maravilloso pasar 2 horas rumiando la posibilidad de no poder aterrizar con el prospecto de tener aún 9 horas de vuelo por delante.. En fin que son detalles porque nuestro piloto consiguió la increíble hazaña de malograr el aterrizaje pese a que el tren de aterrizaje funcionaba de puta madre.
Para mí que era vasco – y no es nada personal- por que decidió que el lugar de empezar a aterrizar al principio de la pista, era mucho más divertido empezar a aterrizar en mitad de la pista, lo que se transformó en un aterrizaje forzadillo en el que terminamos viendo la verja de final de pista a unos 2 m del avión. Y el tío por megafonía no dice que “Es que la pista es demasiado corta”..He aprendido muchas cosas en este viaje, entre otros que los 747 no tienen marcha atrás, con lo que nos quedamos bloqueados en la pista unas dos horas hasta que el personal del aeropuerto vino a remolcarnos hasta la Terminal. Consecuencia inevitable perdimos la conexión hacia Beef Island y pasamos la noche en un hotel del aeropuerto, )de estos moteles a la janki que te ponen la piel de gallina y en los que te esperas en cualquier momento ver a un asesino en serie salir reptando de debajo de la moqueta…) y las estupendas mozalbetas del mostrador de Iberia nos asignaron otro vuelo para el día siguiente a las 3 de la tarde.
Tras el desayuno pensamos que sería buena idea para no perder el día facturar pronto e ir a dar una vuelta por San Juan, ya que estábamos allí. Pero en American Airlines nos dijeron que teníamos 4 billetes reservados pero no pagados, con lo cual no podíamos volar. Además, un detalle, éramos 6. Como Iberia sólo tiene un vuelo al día las simpáticas y competentes muchachillas del mostrador no aparecen hasta las 4 así que teníamos un problema. Que no dejó de aumentar puesto que las soberanas hijas de la gran Iberia habían roto y tirado los cupones de vuelo del vuelo que habíamos perdido, y como se quedaron con las ganas también rompieron los de los vuelos de vuelta.
Seis desesperantes horas después y tras habernos mareado de mostrador en mostrador por TODO el fabuloso aeropuerto en obras de San Juan, pagamos los seis billetes ida y vuelta de nuevo para poder subir a un avión.
Al llegar a Beef Island descubrimos que el barco que habían reservado mis padres estaba en el taller por un fallo del motor, aunque eso lo sabíamos, pero es que el que nos habían dado de recambio TAMBIEN. Con lo que nos dieron otro barco, más pequeño, sin aire acondicionado… un mini cocedero de gambas.
Como Puerto Rico es más o menos como EEUU, había que ir a 50m de la entrada del aeropuerto para fumar, y con un contraste de 20ºc dentro y 35ºc fuera, pues conseguí ponerme enferma. Resfriado que con el jetlag se transformó en menos de 24h en una bronquitis galopante.
Y las islas vírgenes es lo que tienen, que son vírgenes, y para cuando me di cuenta de que mi malestar generalizado no era fruto del vaivén del barco, sino de los 40ºc de fiebre que tenía en el cuerpo pues estábamos a 2 días de navegación del médico más cercano. Entre los 40ºc de dentro y los 40ºc fuera pensé que no llegaba a los 26…
4 días y una caja de antibióticos más tarde empecé a disfrutar de las vacaciones, de no hacer nada y del fareniente calentito y, hay que joderse, se acabaron.
La vuelta fue una odiseilla con la que no os aburriré porque es un relato equivalente de peregrinaje forzado de mostrador en mostrador, en el que me pesaron para saber si podía volar en la caja de latón que nos llevó de vuelta a San Juan (y no es coña http://www.flickr.com/photos/anabelopolis/2170606988/)
Cuando llegamos a Madrid a las 10 de la mañana del día siguiente, hicimos escala unas horas en casa de mis padres porque teníamos el vuelo más tarde para París. Y al llegar a casa nos encontramos a la gata muerta en el pasillo. Un flus.
La guinda fue que al llegar a París me habían perdido la maleta. La de Guillaume, que habíamos por supuesto facturado al mismo tiempo, llegó sin problemas, pero la mía no apareció hasta el domingo siguiente. Esto era un jueves a las 10 de la noche, yo trabajaba al día siguiente y como habían olvidado cargar un camión entero de maleta, éramos 25 reclamando maleta, y estuvimos 2 horas haciendo cola en el mostrador…
Zanjando el episodio: si vais al paraíso… es mejor ir andando.